Transmisión ambiental del SARS-CoV-2: Hipótesis probable

Que la transmisión del coronavirus SARS-CoV-2 ha sido explosiva en todas las sociedades en las que ha irrumpido es, a estas alturas, un hecho ya conocidos por todos. Lo que no está tan claro es cómo esto a podido ocurrir. ¿Cómo se ha podido transmitir de forma tan eficaz en distintos puntos del país?

Lo que sabemos hasta ahora de su mecanismo de transmisión, debido a la novedad del coronavirus SARS-CoV-2, es poco, pero la transmisión persona-persona, mediante la emisión de aerosoles respiratorios y gotitas de saliva, está aceptada.  Las famosas gotas de Flügge.  También la transmisión del virus por fomites, es decir, superfícies y objetos, se da en SARS-CoV-2. Hay que decir que este tipo de transmisión de un microorganismo no es el más eficiente, debido al periodo limitado de tiempo en que la persona infectada excreta virus en sus fluidos biológicos y debido al periodo de incubación.  El contacto debe ser próximo, inferior a 1 metro aproximadamente, para que los aerosoles respiratorios puedan alcanzar e infectar a otra persona susceptible.

En cambio, la transmisión ambiental de un microorganismo patógeno sí que explica la infección explosiva de personas en la comunidad.  Para ilustrar esta idea, podemos poner el ejemplo de la legionelosis, enfermedad infecciosa respiratoria causada por Legionella pneumophila.  Los mecanismos de transmisión ambiental de enfermedades infecciosas se centran mucho en esta bacteria, que se ha demostrado que se transmite,  entre otros, por sistemas de refrigeración que generan aerosoles, como por ejemplo, las torres de refrigeración.  Así, el papel de los sistemas de agua y saneamiento en los edificios actuales es muy importante en el caso de algunos patógenos, como por ejemplo, Legionella pneumophila.

¿Puede el SARS-CoV-2 transmitirse ambientalmente?

Se considera transmisión ambiental la propagación de un microorganismo a una persona susceptible desde aire, agua y/o superficies.  La Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica – SEIMC dispone de mucha información al respecto, disponible para consulta aquí.

Hasta la fecha,  conocemos que el SARS-CoV-2 puede transmitirse por aerosoles respiratorios y fomites.

¿Es descabellado suponer que podría transmitirse, entonces, por aerosoles generados en los sistemas de agua sanitaria y de residuos? ¿Se podrían estos aerosoles transportar por el aire a largas distancias y provocar un brote comunitario?  No hay información disponible del SARS-CoV-2, pero si del SARS-CoV que causó el brote epidémico en 2002-2003.

Transmisión ambiental del SARS-CoV en el brote del 2002-2003

 

La Organización Mundial de la Salud  – OMS publicó un informe en 2003 en que aceptaba la transmisión ambiental, vía aérea, del SARS-CoV, aceptación basada principalmente en el brote comunitario registrado entre Marzo y Junio del 2003 en Hong Kong  en el complejo residencial Amoy Gardens.  Existen varios estudios realizados centrados en el brote de SARS comunitario de Amoy Gardens, por ejemplo, este disponible aquí, en el que también se recogen datos del brote  del Hospital Universitario Princess of Wales, también en Hong Kong,  Otro estudio realizado a partir de los datos generados en el brote de Amoy Gardens, que consistió básicamente en crear y aplicar al brote epidémico un modelo de mecánica de fluidos, tuvo mucha influencia también en el anteriormente citado informe de la OMS de 2003 respecto al SARS-CoV.

Amoy Gardens es un complejo residencial formado por 19 edificios en el que se registraron 329 residentes infectados por SARS-CoV, de los que fallecieron 33.  El brote se inició justo cuando se alcanzó el pico epidémico en Hong Kong.  El paciente índice fue un cuidadano procedente de Shenzen que visitaba a su hermano con mucha frecuencia en Amoy Gardens, residente en el bloque E.  Los síntomas del paciente índice comenzaron el 14 de Marzo de 2003 y fue ingresado en el hospital Princess of Wales, donde también era tratado regularmente a causa de una enfermedad renal crónica que padecía.  Cursó con diarrea y usaba el servicio del apartamento de su hermano con mucha frecuencia.  Después se vio que este paciente índice tenía una carga viral muy elevada que excretaba, en parte, por las heces, que iban a parar al sistema de saneamiento de aguas residuales del edificio E.  Para el 15 de abril ya se contabilizaban 321 casos en el complejo, con el 41% de los casos dentro del bloque E.

Se trabajó con la hipótesis de que la elevada carga viral excretada por vía fecal era la fuente de contaminación de este brote y que, con toda probabilidad, se distribuía por el sistema de tuberías del complejo.  Se relacionó, en concreto, con los sifones de desagüe en forma de U que quedaban vacíos por defectos en el mantenimiento de los mismos.  Esto permitía que los aerosoles con partículas víricas generados dentro del sistema de saneamiento pasaran directamente al ambiente interior de los baños del complejo E, de los que contaban con estos sifones en U vacíos.  Los extractores instalados en los baños generaban una presión negativa con la puerta cerrada de los mismos que aspiraba los aerosoles del interior de los sifones vacíos.  El vapor de la ducha y las condiciones de humedad de los baños favorecieron la transmisión del coronavirus por aerosoles.  Además, a partir de estos aerosoles en suspensión en el ambiente de los baños se contaminaron fomites como las toallas, las alfombrillas, envases y otros enseres de aseo.

Hubo otros edificios del complejo con personas infectadas y, gracias a la aplicación del modelo matemático de dinámica de fluidos, se demostró que los aerosoles generados en el bloque E pudieron transmitirse a los mismos, llegando incluso a alcanzar edificios de fuera del complejo, a una distancia máxima de 200 metros.

La distribución espacial de los edificios se correlacionó con la dirección del viento predominante aquellos días.  No hubo casos a 300 metros de distancia, lo que sugiere que no se produce transmisión a esta distancia.

De la lectura y análisis de dichos estudios se pueden sacar las siguientes conclusiones:

  1. Las aguas fecales contaminadas con partículas víricas podrían ser un foco de infección si existen eventos que faciliten su salto al ambiente, como corrientes en el sistema de tuberías sanitarias de los edificios de viviendas.
  2.  Estas corrientes del sistema de cañerías pueden interconectar distintas áreas de una construcción, a través de las propias tuberías o bien, si éstas tuvieran desperfectos, a través de paredes huecas o cámaras de aislamiento térmico.
  3. Estos focos de infección pueden causar un brote en la comunidad si éstos aerosoles, debido a la ventilación, son transportados a edificios o áreas colindantes, a una distancia de en

Leer más sobre análisis ambientales de SARS-CoV-2 aquí.

Deja un comentario

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
Redimensionar imagen